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sexta-feira, agosto 11, 2006

Capítulo VIII. De como os bailarinos me podem por francamente nervoso


Normalmente, cando há conflitos num grupo por cartos, os que pidem os mesmos cos demais levam raçom. Despois de todo, cada músico é importante, nom? Todos sofrem e padecem coas xiras, todos tocam um instrumento, tenhem que fazer o mesmo. Mas, segundo eu, há uma excepçom. Lembram aquel membro de Prodigy, um home cuxa funçom no grupo nom era outra agás bailar? Nada persoal, mas se alguém coma el pide os mesmos cartos cos demais, nom o mereceria. Que nom seria prescindível um home que nom fai mais que bailar? Em fim, quizais se bailara mói bem ou se tivera um encanto sexual irresistível ou polo menos se fizera coros. Eu que sei, algo mais. Mas nada, só bailar.
Pensando em Prodigy, quizais era xustificada a sua presença. Despois de todo, é um grupo que musicalmente nom tem muito que dar de si. Polo menos que o pasem bem. Mas, e Happy Mondays? Sinceramente, nom esperaba atopar outro personaxe coma ese. E alí estaba Shamed Bez, enrriba do escenârio bailando, dando palmadas e percorrendo dum lado ao outro o espaço ante o meu mais sincero desconcerto. É algo que nunca mirara em vivo polo que nom sabia mói bem como reaccionar. Tenho que aceptar que, daquela, nom estava pola labor de me por a bailar: a noite xa fora longa e estava a bondo canso como para agradecer ums minutos sentado. Só podia, desde o meu cómodo assento (leia-se chan de concreto), ver como o dito home perdia ums cantos quilos no caluroso Mediterrâneo. Mas havia um momento cuxa chegada temia muito: e se algum músico empeçara a presentear aos seus companheiros? Que compria facer? A xente aplaudiria cando nomearam a Shamed Bez? Eu nom, francamente, mas ainda así... Afortunadamente, esse momento nom chegou. Pasarom os minutos, recuperei um pouco de forças e, antes de que rematara o concerto, continuei co meu percorrido polo festival na procura dum grupo que nom me pusera tam incómodo coma eses Happy Mondays. Si, xenial o “Pills’n’Thrills and Bellyaches” de xa há muitos anos, mas preferia um grupo menos inquietante, nom o sei, quizais ata relaxante. E se baixaba do escenârio a bailar entre a xente? Nom, nom, melhor afastar-se um pouquinho.

Capítulo VIII. De cómo los bailarines me pueden poner francamente nervioso


Normalmente, cuando hay conflictos en un grupo por dinero, los que piden lo mismo que los demás tienen la razón. Después de todo, cada músico es importante, ¿o no? Todos sufren y padecen con las giras, todos tocan un instrumento, tienen que hacer lo mismo. Pero, por lo menos según yo, hay una excepción. ¿Recuerdan aquel miembro de Prodigy, un hombre cuya función en el grupo sólo consistía en bailar? Nada personal, pero si alguien como el pide el mismo dinero que los demás, no lo merecería. ¿Qué no sería prescindible un hombre que no hace más que bailar? En fin, quizás si bailara muy bien o si tuviera un encanto sexual irresistible o por lo menos si hiciera coros. Yo qué sé, algo más. Pero nada, sólo bailar.
Pensando en Prodigy, quizás era justificada su presencia. Después de todo, es un grupo que musicalmente non tiene mucho que dar de sí. Por lo menos que lo pasen bien. Pero, ¿y Happy Mondays? Sinceramente, no esperaba encontrar otro personaje como ése. Y ahí estaba Shamed Bez, arriba del escenario bailando, aplaudiendo y recorriendo de un lado al otro el espacio ante mi más sincero desconcierto. Es algo que nunca había visto en vivo por lo que no sabía muy bien cómo reaccionar. Tengo que aceptar que, a esas alturas, lo que menos se me antojaba era ponerme a bailar: la noche ya había sido larga y estaba lo suficientemente cansado como para agradecer unos minutos sentado. Sólo podía, desde mi cómodo asiento (léase suelo de concreto), ver como el dicho hombre perdía unos cuantos kilos en el caluroso Mediterráneo. Pero había un momento cuya llegada temía mucho: ¿y si algún músico empezaba a presentar a sus compañeros? ¿Que había que hacer? ¿La gente aplaudiría cuando nombraran a Shamed Bez? Yo no, francamente, pero aun así... Afortunadamente, ese momento no llegó. Pasaron los minutos, recuperé un poco de fuerzas y, antes de que terminara el concierto, continué con mi recorrido por el festival buscando un grupo que no me pusiera tan incómodo como esos Happy Mondays. Sí, genial el “Pills’n’Thrills and Bellyaches” de ya hace muchos años, pero prefería un grupo menos inquietante, no lo sé, quizás hasta relajante. ¿Y si bajaba del escenario a bailar entre la gente? No, no, mejor alejarse un poquito.